Reinventarnos o morir en el intento

¿Qué tanto debemos reinventarnos? Vivimos en un mundo en constante actualización, sumergidos en un medio en el que nuestro éxito y supervivencia depende de la constante reinvención y aceptación de nuevos retos, que refresquen nuestros conocimientos y los trabajos que ofrecemos al mundo, pero ¿estamos conscientes de la importancia detrás de esta reinvención?

Con frecuencia se suele confundir la delgada línea entre tener un estilo definido y hacer constantemente lo mismo, pero ¿por qué? Quizás basta con dar un vistazo con frecuencia a nuestros proyectos de algunos meses o años para poder analizar qué tanto hemos desarrollado nuestro estilo y asegurarnos de no quedarnos estancados en el intento y es que cada vez se hace más necesario estar en una permanente evaluación que nos haga exigirnos más a nosotros mismos para ir más allá de lo que nuestra propia técnica o estilo presenta ante nosotros.

Desde hace algo de tiempo me he llegado a encontrar ante artistas y diseñadores que dejan una muy buena primera impresión, dejan ganas de ver más sobre su trabajo y en el momento en que les empiezo a seguir el paso pierdo ese “enamoramiento a primera vista” que me habían dado, empezando a encontrarme con trabajos que siempre lucen igual y no puedo evitar detenerme y analizar ¿por qué no pasa esto siempre? ¿acaso hay una receta para no perder el enamoramiento? Puede que sea una comparación muy simple, pero efectiva y es que al igual que en un noviazgo, como artistas estamos involucrados en una relación que puede o no ser a largo plazo con nuestros seguidores y espectadores y dicha relación va a depender enormemente de qué tanto logremos trabajar en los detalles, en el constante enamoramiento y en la solidificación de nuestro papel en dicha relación.

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Si lo pensamos, cada cliente debe enamorarse de nuestro trabajo para decidir trabajar entre nosotros y no con tantos miles de diseñadores en el medio, entonces ¿Qué le vamos a ofrecer para que se quede por más tiempo? Exijamos más de nosotros mismos, salgamos de nuestra zona de confort y atrevámonos a tomar nuevos retos, a ilustrar o diseñar sobre temas que nos puedan parecer demasiado complejos o imposibles de plasmar, a crear proyectos propios y a no detenernos. Si dominamos la figura humana combinémosla con lo abstracto, si estamos a gusto con una paleta de color y la vemos demasiado en nuestros proyectos, atrevámonos a trabajar en blanco y negro. Es decir… ¿Por qué no? Si nos hiciéramos esta pregunta con más frecuencia veríamos una constante reinvención propia que lograría no solo llamar la atención, sino también la capturaría y la mantendría por más tiempo hacia nuestro trabajo. Después de todo somos que somos como una marca, si siempre hacemos lo mismo y dejamos de evolucionar ¿realmente estaríamos haciendo las cosas bien? Vale la pena hacernos esta pregunta cada cierto tiempo, analizar nuestro trabajo y obligarnos a la reinvención, porque solo ello nos salvará en este medio tan cambiante.

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