Ya no quiero trabajar

Después de un largo año de trabajo, en una agencia de publicidad, me encontré de vacaciones, me senté en mi compu y recordé aquel día, que ya luce lejano, donde pensé “ya no quiero trabajar” y ahí, a partir de esa decisión, muchas cosas empezaron a cambiar para bien. No, no había quedado nunca desempleada (para mi fortuna), pero sí me había dado cuenta que necesitaba un cambio de enfoque urgente.

Desde el momento en que empecé a inclinarme por el diseño y la publicidad notaba que era algo que amaba hacer, cada detalle, la influencia, la necesidad de no dejar de aprender nunca… todo se convirtió en un conjunto que llegue a adoptar con pasión, hasta que empecé a “trabajar”, levantándome temprano y esperando la hora de salida, sin disfrutar todos los proyectos y momentos que se daban entre las 8am y las 6pm. Ahí, sabía que necesitaba el cambio.

Fue un giro al que me costó adaptarme, pero dejé de trabajar y empecé a amar lo que hacía. Hoy, después de tener bastantes años de haber cambiado de enfoque veo hacia atrás y noto que el verdadero aprendizaje, la mejora en mi técnica, el cuidado de los detalles, mi profesión, todo ha ido para bien desde el momento en que amé tanto el diseño, la publicidad, el estrés e incluso los desvelos, como para salir del trabajo y retomar en casa mis proyectos personales, incluyendo este blog. Como para querer salir e ir a eventos para conocer a más personas en el medio… ha sido de las mejores decisiones que me han traído hasta aquí y espero me sigan moviendo, razón que inspira este post con que sentí urgencia de escribir.

Aquí, sentada en mi compu me pregunto e invito a reflexionar ¿Qué pasa si todos dejamos de trabajar y empezamos a amar lo que hacemos? Después de todo, es muy cierta esa frase de que “una vez se ama lo que se hace nunca más se tiene que volver a trabajar” y considero, con bastante certeza, que si todos llegamos a hacer lo que nos gusta, no por dinero, sino por pasión estaremos dejando un poco de nosotros mismos en cada proyecto, con tanta entrega que se verá retribuida con grandeza (Después de todo, es con lo que muchos soñamos) y nos encontraremos ante personas que jamás estarán hartas de su trabajo, que irán tras sus sueños, aunque suene poético, y se atreverán a más, a romper barreras, a trazar más metas y ser mejores en cada cosa que hagan.

Amar lo que hacemos, hacer lo que amamos.

Crecer, no solo nosotros, sino quienes nos rodean, contar con un equipo y reconocerles la entrega y el esfuerzo, actuar desinteresadamente para entregar todo de nosotros, comprometiéndonos a un 110% que damos por amor a lo que hacemos. Lo hermoso es que el dinero, el reconocimiento, la grandeza y la satisfacción que sentiremos al ver hacia atrás en cada año irá de la mano. De ahí y más me inspiré, después de un año en que vi proyectos en que estuve involucrada, ya sea que lo haya hecho yo, haya tenido participación, liderando o simplemente apoyando para que alguien más lo pudiera ejecutar y sé que hice bien al dejar simplemente de trabajar y empezar a hacer las cosas por amor a esta bendita, gratificante y aún así agotadora profesión. Después de esto, ¿Cuántos hemos dejado de trabajar?

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